La principal cualidad que encontré en "El amante de Janis Joplin", de Élmer Mendoza, es que se trata de una novela entretenida. Es uno de esos libros que se pueden y se dejan leer en un fin de semana de poca actividad, y que al final dejan la sensación de haber aprovechado el tiempo. Principalmente por la actualidad del tema del narcotráfico, a veces olvidaba que está ambientada en los años sesentas y comienzo de los setentas, cuando drogas, jipis, despertar sexual, guerrila, rock y otros tópicos empezaron a convertirse en tabús en la sociedad mexicana.
Al final de la obra quedan varios cabos sueltos, y como que en una novela tan ligera y entretenida, concebida para darle placer instantáneo al lector, no checa muy bien dejar estos cabitos volando. Me refiero a los personajes secundarios y las subramas que se fueron creando. Y es que por un momento parece que el final se apresura cuando la historia todavía daba para poder redondear la trama. Es cierto que la "parte reencarnable" exigía ese final del protagonista, pero hubiera estado mejor un final menos precipitado. Me dió la impresión de que de un día para otro Mendoza se cansó de la novela y le dió el final que le dió.
No es uno de mis librajos favoritos pero sí está para pasar unas horas bastante entretenidas.

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